La hija del ex equitador Óscar Cristi Gallo, primer doble medallista chileno en un solo evento olímpico, rememora capítulos de su padre y las dos platas de Helsinki 1952 montando a Bambi: una individual y, con César Mendoza y Ricardo Echeverría, otra por equipos.

Hace dos años, después de 65 del récord mundial de salto ecuestre impuesto por el binomio Alberto Larraguibel-Huaso en el regimiento Coraceros de Viña del Mar, la Casa del Deporte conmemoró tal hazaña con la hija del centauro -Sylvia- fallecido en 1995. Y esta vez, a más de seis décadas de las dos preseas olímpicas obtenidas por Óscar Cristi Gallo en Helsinki, las recordamos con una de las primogénitas del mayor protagonista desaparecido en 1965: María Angélica Cristi, cuyo padre se convirtió en el primer doble medallista chileno en una sola cita.

En el departamento de María Marfil, viuda del héroe deportivo, la entrevistada retrocedió en el tiempo hasta encontrarse con el día 3 de agosto de 1952, cuando César Mendoza Durán y Ricardo Echeverría Vergara -teniente de Carabineros y capitán de Ejército, respectivamente- también dieron un salto a la historia al adjudicarse el segundo lugar en la prueba por equipos. Inicialmente, sí, la distinguida y bella anfitriona como el estético brinco caballar descubre:

“Mi padre, capitán en el momento de su inédita marca olímpica, nació en 1917 en Valparaíso, muriendo joven con el grado de general subdirector de Carabineros. En marzo del 65, estrelló su auto con un bus en San Fernando, exclamando insistentemente en su breve agonía: ‘¡Yo iba manejando, no mi chofer; yo iba manejando, no mi chofer…!’. Y en 1940 se había casado con mi madre, hoy de 97 años”.

Conversadora gratísima, Maqueca Cristi revela además. “Él siempre concursó, principalmente en el Coraceros de Viña, donde era exitoso, triunfador y las galerías gritaban cuando  saltaba. De sus victorias más clamorosas, destaco una muy especial: la del 49 en el Madison Square Garden de Nueva York, donde ganó el prestigioso premio West Point, que siempre se lo llevaban los mexicanos. Esa vez, montando a Scarface, venció al famoso militar Humberto Mariles, campeón mundial y olímpico un año antes en Londres. Mariles, un tipo muy matonesco, incluso intentó agredirlo con varios mexicanos tras su derrota, pero justo asomó don César Mendoza para salvarlo (sonriendo)”.

“Y lo de Helsinki -estira- fue una tremenda hazaña, francamente, ya que se convirtió en el primer chileno en ganar dos medallas en unos mismos Juegos. Y no solamente de él, sino también de don César Mendoza y Ricardo Echeverría, sus compañeros de saltos. Su marca permaneció bastantes años, hasta el 2004, cuando Nicolás Massú y Fernando González lograron dos cada uno”. En referencia a Alberto Larraguibel, por otra parte, señala: “Tuve la satisfacción de ser una de las primeras personas en colaborar para alzar un monumento a su memoria. Junto a la Municipalidad de Viña del Mar luchamos harto para aquello, inaugurándolo definitivamente la alcaldesa Virginia Reginato el 2007”.

Tres años después del récord aún imbatible de Larraguibel, la equitación chilena llegó a Helsinki con ese crédito enorme. ¿Cómo fue la odisea previa a los Juegos?    

Viajaron cuatro seleccionados, pero como don Alberto se lesionó poco antes, no pudo competir. Entonces, el jefe del equipo, el maestro y general Eduardo Yáñez Zavala (distinguido en 1980 como el Mejor Jinete del Mundo por el Comité Olímpico Internacional) debió designar al tercer equitador de acuerdo al mejor rendimiento. Y mi padre también se lesionó en la previa, quebrándose un pie mientras entrenaba en España. Chile hizo un gran esfuerzo para viajar, no como los otros más de veinte países que contaban con mayores recursos. Ninguno llevó los caballos en barco tanto tiempo como lo hizo nuestra delegación.

¿Cómo su padre y compañeros pudieron subir al podio por equipo?   

En ambas pruebas mi padre saltó con las botas amarradas por la lesión que tenía. En la competencia colectiva, nuestro trío hizo dos recorridos cometiendo cuatro faltas, perdiendo el oro apenas por dos puntos bajo Gran Bretaña y desplazando al de Estados Unidos al tercer puesto. Fue mínima la diferencia de puntaje respecto al equipo ganador, y como mi papá fue el mejor jinete en esa competencia, lo eligieron para representarnos en la individual.

Sorteó obstáculos magistralmente defendiendo solo a Chile… 

Sí, cabalgó muy bien, siendo superado solamente por el francés D’Oriola, que después ganó el oro en los Juegos de Tokio y fue campeón mundial en los años sesenta. También cometió cuatro faltas, las que aprovechó el francés para vencer por una diferencia de milésimas. Incluso en la película donde está registrado el trayecto, se ve cuando a Bambi se le desprende de una herradura una chispita que cayó tras saltar la valla del agua. Eso, tal vez, fue penalizado porque hubo harta discusión entre los jueces para determinar si fue falta. D’Oriola montaba un caballo enorme, en cambio Bambi era chiquito y el público estaba muy impresionado con los “chilenitos” porque jamás esperó que estuvieran entremedio de los británicos, los alemanes y de las otras potencias. Era como David contra Goliat.

¿Dónde estaban su madre, usted y su familia aquel tres de agosto?

Mis padres estuvieron en Europa en la etapa de entrenamientos, pero ella volvió poco antes por nosotros, por nuestros estudios, además de que nunca pensó en tanto rédito en Helsinki. Y mi historia, siendo bastante chica, recuerda que estábamos en el centro de Santiago, en la calle Ahumada, cuando las radios empezaron a transmitir una gran noticia. La gente empezó a abrazarse, no sabíamos por qué, abrazándonos a nosotros también diciéndonos, ‘¡somos subcampeones olímpicos, Cristi, el equipo chileno de equitación…!’. Fue muy divertido, ni sabían quiénes éramos.

“LAMENTO QUE CARABINEROS NO ENSEÑE SU HISTORIA DEPORTIVA”

La también equitadora hasta hace pocos años, narra sus vivencias como amazona antes de delatar el desconocimiento que hay en Chile sobre la conquista de su progenitor junto a Mendoza y Echeverría. “Siempre hice equitación, de chica estuve con las botas puestas hasta sufrir una pérdida increíble: la muerte de mi marido. En ese momento de mucho dolor las colgué, cuando perdí algo tan esencial en mi vida (…) Hacía solamente salto con mis caballos Crisol y Huelén, y con Manisero, el último que tuve. A los quince años participé en mi primer concurso, en primera categoría, contra campeones chilenos avezados. Me echaron a los leones, pero salí segunda y me creí la muerte”.

“Y claro que no hay cultura ni respeto por nuestros logros deportivos. Ni los periodistas, algunos con bastante experiencia, los conocen. Tampoco los propios carabineros, quienes deberían saber de Mendoza y Cristi, así como el Ejército de Echeverría, Larraguibel, del maestro Yáñez. Porque no son méritos de un deportista solamente, sino también del compromiso, del patriotismo, del amor a Chile y a la institución. De quienes consiguen impensados recursos, los cuales son escasos hasta hoy día. Imagínate en esa época llevar caballos en barco, además de veterinarios, herreros, ordenanzas… Era una tremenda aventura y un ejemplo al tesón como al afán de superación (…) Me da pena que Carabineros no dé mayor énfasis enseñando su historia a los suyos, no sólo la de mi padre porque ha habido tantos otros jinetes exitosos”.

¿Sí debe haber algún recinto policial con el nombre de él?                   

Sí, eso sí, un reconocimiento que nos enorgullece: la Escuela de Caballería de Carabineros, ubicada en Maipú, lleva el nombre del general Óscar Cristi Gallo, donde también hay una foto de él y las medallas duplicadas donadas por nosotros… Y volviendo a los sacrificios y al precario apoyo, reconozco el esfuerzo del Comité Olímpico, del cual la federación podría rescatar algo para reverdecer la equitación. Pero hoy hay pocos jinetes porque este es un deporte complejo, no popular ni tan profesional como el fútbol y el tenis. ¿Con qué lo apoyamos, entonces? ¿Y cómo destinamos recursos a deportistas de alto rendimiento? Ahora hay algunos, pero insuficientes en un país pobre.

“RICARDO SOTO TIENE UN FUTURO PROMETEDOR”

¿Y qué le ha parecido Río 2016 a María Angélica Cristi? ¿Lo ha visto, quién la ha sorprendido? Responde: “Me emociona e impresiona el esfuerzo de los seres humanos, y el de los chilenos que llegaron tras tanta abnegación. Habiéndome encantado ver alguna medalla en poder de un deportista nacional, si bien falta la participación de Bárbara Riveros, cada uno lo ha dado todo dentro de sus posibilidades: Tomás González, por ejemplo, séptimo entre monstruos de la gimnasia y en dos Juegos seguidos disputando etapas finales; Ricardo Soto, el niño del arco, con un futuro prometedor. Y quién no se ha sorprendido con las figuras del más alto nivel: Phelps, Bolt, Simone Biles, los clavados, los hermanos Brownlee, ingleses del triatlón… Son cautivantes las competencias, no puedo apagar la tele por ver la exigencia humana, la potencia, el triunfo, el llanto”.

Así es. El deporte, donde no hay palmas sin frustraciones, cautiva. Donde no hay éxtasis sin llantos, atrapa. En él hay sustentos e indiferencias, pero no estas últimas para la Casa del Deporte. Por esto hoy homenajeamos, también, a César Mendoza y a Ricardo Echeverría. Y a Bambi, Pillán y a Lindo Peal. Y, especialmente, a quien trajo dos medallas olímpicas desde unos mismos Juegos: Óscar Cristi Gallo. Dos llamas que no se apagan, menos para los Cristi Marfil.

Fuente : http://www.ciudaddeldeporte.com/articulo/entrevistas/12/5987/maria-angelica-cristi-mi-padre-fue-el-primer-deportista-chileno-en-ganar-dos-medallas-en-unos-solos-juegos.html

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