La única chilena ganadora de una presea olímpica y primera abandera en el mayor evento deportivo, detalla su hazaña de 1956 y una vida ligada al deporte. También descubre: “Estudié en las Monjas Inglesas de Viña y, en los 30, un caballo de mi padre ganó El Derby”.

Sesenta años han transcurrido de la jabalina que puso en la leyenda del olimpismo a Marlene Ahrens Ostertag, de cuando un madero registró 50.38 metros en Melbourne el 28 de noviembre de 1956, alcanzando una señera medalla de plata y convertirse en –hasta ahora- la ÚNICA mujer nacional en trepar a un podio olímpico. En el club de Polo y Equitación San Cristóbal, “donde cabalgo seis días a la semana a mis 83 años, los cuales cumpliré el 27 de julio”, la también primera chilena portaestandarte en una cita de los cinco anillos nos lleva a sus caballerizas para presentarnos a un inseparable amigo. Sin antes mostrarnos otro tesoro. “Mire, le traje la medalla para fotografiarla. Cumplí”.     

“Acá está Sonrisal, mi caballo de 23 años que preparo cincuenta minutos cada día. Es hija de Smiling y nieta de Jajajá. Con ella, muchos años después de participar en el Panamericano de Sao Paulo, cumplí un desafío muy importante para mí a tan avanzada edad (sonriendo): competimos en los Panamericanos de Mar del Plata de 1995, en adiestramiento”, expresa la alguna vez campeona nacional de tenis y, hoy, dedicada a la gimnasia acuática y al bridge. “Tres veces a la semana voy a la piscina, y cuatro días juego bridge acá y en el club Manquehue”.

Comunicativa y memoriosa, la hija de Gertrudis y de Germán -y natural de Concepción-, también revela: “Además de haber tenido el honor de portar la bandera chilena en dos juegos, en Melbourne y en Roma 1960, recuerdo fielmente cuando viví un tiempo en Viña del Mar, donde pasé momentos muy lindos cuando terminé mi enseñanza secundaria en las Monjas Inglesas. Desde una casona ubicada en 1 Norte 461, donde residía, cruzaba todos los días el estero, la plaza y llegaba a las Monjas, que estaban en calle Alvares, a pocos metros de la estación ferroviaria”.

¿Cómo se convirtió en lanzadora de la jabalina, cuya especialidad la llevó a consagrarse campeona sudamericana, panamericana e iberoamericana tras fundirse en diversas disciplinas? Explica: “Con un grupo de amigos del Manquehue, donde practicaba hockey césped, gimnasia, vóleibol, tenis, natación… todos los fines de temporada hacíamos un paseo a Cachagua, donde mi marido, Jorge Ebensperger, me vio lanzar piedras mar adentro, llamándole mucho la atención de que lanzara más lejos que varios hombres. Y volviendo a Santiago, le dijo a don Walter Frisch, entrenador del Manquehue: ‘Acá tienes una gran lanzadora’.

La elegante y distinguida multideportista señala qué son unos Juegos Olímpicos. “Estar entre los mejores del mundo representando a su país, entre miles de deportistas conviviendo en una villa olímpica, es una experiencia maravillosa. Lamentablemente, es un evento que sólo podemos disfrutar cada cuatro años. En mi caso, haber sido la primera mujer chilena en marchar con nuestra bandera en dos ocasiones seguidas es un gran orgullo, y haber obtenido una medalla, otro orgullo. Y lo de la única mujer en subirse a un podio, no lo pienso mucho, con tanta actividad casi ni me acuerdo. Pero es comprensible que me lo recuerden siempre, aunque no le encuentro el chiste. No ando pensando en mi logro de subcampeona olímpica”.

¿Un abanderado qué debe reunir? Usted votó por Érika Olivera…  

Un currículum deportivo y personal intachable, necesariamente. El abanderado no solamente debe reunir méritos deportivos, tampoco puede dar un mal ejemplo fuera de una cancha… ¿Se acuerda del Chino Ríos cuando puso tantas condiciones y al final no lo fue? Bueno, de él, un muchacho muy especial, no me extraña. Y lo de Érika me parece correcto porque es sacrificada, tiene una gran trayectoria, irá a sus cuartos juegos. Voté por ella porque lo merece, aunque es difícil para las maratonistas.

¿Y para quienes tuvieron buenas presentaciones en Londres: Tomás González, Francisca Crovetto, Natalia Ducó…?  

Sinceramente, está muy pesada la pista, pero a Tomás le puede ir bien, lo demostró en Londres y ahora se ha preparado rigurosamente. Es quien tiene más posibilidades, me parece. Además debemos confiar en Natalia, en Francisca, en Kristel (Köbrich), en la niña Bárbara Riveros, que tuvieron buenos rendimientos en los pasados juegos y también se han entrenado fuertemente. Es difícil, pero nunca imposible.

“EN MELBOURNE LOGRAMOS CUATRO PODIOS, MARCA NO IGUALADA”

Trece medallas lucen en el historial olímpico de nuestro deporte, ¡solamente trece en 120 años!, desde la plata de Manuel Plaza en la maratón de Ámsterdam 1928 al mismo metal obtenido por Fernando González en Beijing 2008. Marlene Ahrens, quien nos entregó la cuarta, enseña: “A nuestros deportistas más jóvenes, especialmente, a quienes desconocen nuestra historia, les digo que en Melbourne nos fue muy bien. Como nunca, obtuvimos cuatro podios, una marca no igualada. Además de la mía, los boxeadores Ramón Tapia, Carlos Lucas y Claudio Barrientos lograron una de plata y dos de bronce”.

Seis décadas han pasado ya de la pértiga plateada clavada a 50.38 metros y seis décadas, también, la Reina del Atletismo chileno lleva describiendo su perdurable lanzamiento. Una vez más, relata ese momento grabado seis días después del 22 de noviembre de 1956, jornada del desfile inaugural.

“En la mañana del día 28 fuimos a las series clasificatorias para hacer la marca mínima requerida y, a las seis de la tarde, competimos por las medallas. En la final, teníamos tres intentos cada una y después, las seis primeras, tres más. Las jabalinas llegaron selladas a la pista, con sus empuñaduras albas porque estaban nuevas. Mientras esperaba mi turno para el penúltimo intento, me di cuenta de que la checa Dana Zatopekova siempre tiraba con una de mango más gastado, pero no, había llevado un polvo para refregarla y evitar que se le resbalara. Algo permitido, en todo caso, pero a nadie se le ocurría. Entonces, cuando pude, me apoderé de esa jabalina”.

Sus mayores rivales eran campeonas olímpicas y mundiales…

Estaban la checa Zatopekova, campeona olímpica en Helsinki 52, y las soviéticas Nadezhda Konyayeva, campeona mundial en ese momento, e Inese Jaunzeme. Ellas eran las favoritas de acuerdo a sus antecedentes, pero me metí al medio de esas campeonas logrando el subtítulo. Jaunzeme envió la jabalina a 53.86 metros y la Konyayeva a 50.28. Y yo, como se sabe, a 50.38. Entonces, ¿qué más le puedo pedir a la vida si gané una medalla olímpica para Chile compitiendo con las mejores lanzadoras del mundo?

ROMA 1960, UNDÉCIMA   

Cuatro años más tarde, en los juegos donde un desconocido Muhammad Ali se colgó el galardón dorado, la subcampeona olímpica nuevamente encabezó la delegación chilena exhibiendo el pabellón nacional, el 25 agosto. De su rendimiento en Roma, Ahrens comenta:

“Se suponía que para esos juegos debería haber estado en mejores condiciones, más madura ya con 27 años, pero no quería ir porque no me preparé bien. Estaba esperando a mi tercer hijo, teniendo una pérdida, entonces dejé de entrenar, lógicamente. Sicológica y físicamente estaba mal. Pero la Federación Atlética y el COCh querían llevarme como fuera. Les dije: ‘No estoy capacitada y quiero ir a ganar, pero no estoy para lanzar más de cincuenta metros’. Faltaban tres meses cuando los dirigentes me pidieron ir, muy poco para entrenar para un acontecimiento mayor. ‘Si no me creen –les dije también-, háganme una prueba de suficiencia y verán en qué condiciones estoy. La responsabilidad será de ustedes’. Después de tanta insistencia, lancé 45 metros aproximadamente, y en Roma, donde lancé unos tres metros más, quedé undécima entre muchísimas competidoras”.

Alumna de las Monjas Inglesas de Viña a fines de los cuarenta, emblema de nuestro deporte y –siendo redundantes- exclusiva dama criolla poseedora de un codiciado reconocimiento, la primera carta femenina en ostentar la bandera de su país en los máximos juegos, termina recordando otro episodio viñamarino:

“Por si no lo saben, mi padre, propietario de caballos de carrera en Concepción, ganó El Derby de Viña en 1935 con su potro Iturbide. Como eran tres los amigos dueños del caballo, el premio en plata lo repartieron, y el trofeo, un brasero  de plata precioso, lo ganó mi padre tras jugarlo al cacho. Estuvo muchos años en mi casa, hasta que mi hija Karin se lo llevó para la suya hace pocas semanas”.

Marlene Ahrens, a todo deporte, su sinónimo.

Por Mario Ramírez Escudero

Fuente : http://www.ciudaddeldeporte.com/articulo/entrevistas/12/5784/marlene-ahrens-que-mas-le-puedo-pedir-a-la-vida-si-le-di-una-medalla-olimpica-a-mi-pais.html

Anuncios