A raíz de la reciente publicación del listado definitivo de los atletas que participarán en los próximos Juegos Olímpicos de Rio, surgen todo tipo de reproches para paliar parte de la frustración que supone siempre cualquier “omisión”, y sobretodo cuando ésta se produce por hechos causales derivados de no haber podido obtener “una mínima” exigida por la Federación correspondiente. Seguramente, la mayor parte de la sociedad inmersa en su ámbito de funcionamiento y sometida a todo tipo de preocupaciones cotidianas, es incapaz de entender la relevancia que supone para un deportista asistir a unos Juegos.

Los Juegos Olímpicos Modernos nacen a mediados del siglo XIX de la mano de Pierre de Coubertin, inspirando un lema suficientemente elocuente: “Citius, Altius, Fortius”. Surgieron con la intención de focalizar desde una perspectiva estrictamente deportiva, enfrentamientos entre todos los países del mundo pero de una forma civilizada y cordial, bajo un marco neutro y armónico denominado Olimpismo. Desde entonces se han transformado en un gran evento, dónde todos los deportistas compiten con el único objetivo de vencer a sus contrincantes de forma noble y respetuosa. Entender el espíritu olímpico significa, aceptar ese anhelo competitivo tan propio de los deportistas de élite, esté dónde esté su cota de ambición personal.

Un deportista no deja de ser un luchador pertinaz, ávido y constante que busca superar sus retos, intentando alcanzar los resultados que le permitan llenar su grado de autosatisfacción. Esta filosofía y manera de entender la propia existencia, no difiere tanto con la del resto de personas que, aunque no sean del todo conscientes, también luchan y compiten por sus ideales, metas personales u objetivos profesionales. Al fin y al cabo, solo son maneras distintas de “deambular” por la vida.

Pero, ¿por qué tienen tanta trascendencia los Juegos?

Pues, porque es el lugar de encuentro y reunión de todos aquellos que entendemos y narramos el mundo de una forma concreta y, porque no decirlo, épica. Lo mismo que puede significar para un científico publicar un artículo de investigación en la revista “The Lancet” o quizás, para un pianista interpretar en el Carnegie Hall. En el fondo todo es lo mismo. La diferencia radica únicamente en la evaluación y el contenido de las propuestas y en el desarrollo de los hechos. Los Juegos no son una competición al uso, son el adalid y el sueño de cualquier deportista que cuenta los años de cuatro en cuatro, porque ha dedicado parte de su vida a superar retos y dificultades con el objetivo de pertenecer a “la etnia deportiva” por excelencia; todo esto y mucho más significan los juegos. Una trascendencia acrecentada por el papel significativo que representa el atletismo desde los anales del Olimpismo.

A pesar de no haber logrado ningún resultado significativo, algunos de los que hemos tenido el honor de poder participar en unos Juegos Olímpicos, sentimos como propia cualquier “omisión” inmerecida o frustración propinada por un azaroso resultado.

Fotos vía: elconfidencial.com

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Por ManelAtletismo

Fuente : http://www.sextoanillo.com/index.php/2016/07/16/listas-olimpicas/

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